De cuando escuché a alguien morir…

De cuando escuché a alguien morir…

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Photo credit: “Pill by Unsplash/freestocks.org”

Ya que esta semana se celebra Halloween, voy con una anécdota terrorífica que, por una vez, no tiene que ver con inseguridad.

Era una noche de verano. La casa estaba muy silenciosa y, por una vez en la vida, ni mi hermana ni mi papá se habían trasnochado haciendo tareas o viendo televisión. Me desperté en la media noche, sumamente inquieta, con un muy mal presentimiento. De repente, me dio calor, y de repente sentí frío. No podía quedarme quieta. Pensé que un mosquito me había picado la mano izquierda y no dejaba de rascarme y de espantar al cabrón.

Un par de minutos más tarde, escucho un escándalo en la calle. Una mujer y otra persona (no estaba segura si era un hombre) estaban gritando, pidiendo ayuda desesperados. El ruido venía del edificio a nuestra derecha, que tiene un amplio pasillo al aire libre desde la reja hasta la entrada. No podía distinguir bien qué era lo que decían y debido a incidentes previos (el peor, cuando vi un episodio horrible de violencia doméstica donde el tipo amenazó a su mujer con una pistola), no me asomo por la ventana de una vez.

Los gritos aumentaron y nadie bajaba a ayudarlos. Peor aún, entre ellos un extraño gemido sonaba cada dos o tres segundos. Nunca en mi vida había escuchado algo así y no lo olvidaré: lo grave y ruidoso que era, cómo representaba en ese momento el alma aferrándose al cuerpo con las uñas ante la inevitable separación. Pienso en eso y me dan escalofríos. Fue allí cuando me di cuenta que el gemido era de alguien que se estaba muriendo.

Resulta ser que la señora y el otro individuo estaban cargando casi a rastras a su madre por el pasillo. Seguían rogando por ayuda para llevarla al hospital porque se estaba ahogando. Según mi mamá, quien sí se asomó, solo dos o tres vecinas bajaron, haciendo lo imposible para conseguir que un carro se parara para llevarlos a la clínica.

La clínica está a solo dos cuadras de mi casa.

Las vecinas abrieron la reja y entre ellas, y los hijos de la señora, la cargaron. Cuando ya estaban en la calle, ella dejó de gemir. Un carro salió del estacionamiento, y al mismo tiempo una camioneta de la policía/militar/whatever se acercó a la calle. Dos tipos se bajaron y se llevaron a la señora. El carro que salió del edificio (creo que de un vecino), persiguió a la camioneta. Conociendo bien el valor de los segundos y milisegundos, los policías actuaron de forma muy lenta ante la situación. A lo mejor estaban en shock. A lo mejor estaban muy agotados de la fiesta nacional del día anterior (esto pasó un 6 de julio).

El final de este relato es bastante obvio: la señora llegó sin vida a la clínica. Se había atragantado con una pastilla tamaño moneda de Bs. 5. Pero nunca olvidaré dos cosas que me aterraron: la falta de solidaridad entre los vecinos, el “eso no es conmigo”, que hizo que pasara tanto tiempo entre el primer grito y la llegada a la clínica.

Lo otro que no se me va a borrar jamás es ese gemido, sonido de un cuerpo que se apaga, créditos rodando, oscuridad en medio de la indiferencia de una noche de verano.

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Cuando aprendí a manejar….

Cuando aprendí a manejar….

photo credit: " L de «learner» by srgpicker, on Flickr"
photo credit: ” L de «learner» by srgpicker, on Flickr”

Esto pasó hace unos años, pero el factor insólito de esta historia no varía.

Luego de muchos meses de anticipación y prácticas accidentadas (con un sincrónico y luego un automático), llegó el día en el que debía tomar mi examen para conducir. Empezamos bien: tuve que salir de mi trabajo aproximadamente una hora antes de la cita porque me enviaron al INTT del Llanito que, por cierto, queda DENTRO de un barrio. Sabiendo esto, usé la ropa más fea y descuidada que tengo, para evitar gente rara.

Llené las 45321 planillas que debía completar antes del examen teórico. Entonces, esperé y esperé y esperé afuera, en una silla raída, con el sol del mediodía quemando mi cabeza; mi papá neurótico (me acompañó, porque no iba a dejar que la niña se metiera sola en un barrio), niños llorando y fumadores a granel. Luego de lo que parecieron 13 años, nos informan que había un problema con la plataforma (“se cayó el sistema, mamita”) y no puedo tomar la prueba allí. Debíamos ir al INTT de Caricuao antes de las 3 p.m. Nos avisaron como a las 2. Read more

Indispensables para… no enfermarse últimamente

Indispensables para… no enfermarse últimamente

photo credit: " Sick by TheGiantVermin, on Flickr"
photo credit: ” Sick by TheGiantVermin, on Flickr”

Con el acabóse de la salud que estamos viviendo a nivel mundial en estos días, consideré importante hacer mi lista de indispensables para curarme en salud, sin caer en niveles de germofobia tipo Howard Hughes…

Vitaminas, si se consiguen

Si bien es indispensable una dieta balanceada y la ñoñez de la pirámide o el trompo alimenticio que al final son lo mismo, a veces, hace falta una ayudadita en forma de píldora. Tengo mis reservas de Centrum y de Vitamina C, y eso no se comparte! Read more

Ese insomnio

Ese insomnio

photo credit: "Moe M" via photopin cc
photo credit: “Insomnia… by Moe M, on Flickr”

Cuenta la leyenda familiar que mis problemas con el sueño se originan en mi infancia, una niña de meses. Para mi mamá, era rutina pasar horas haciendo lo imposible para que yo, el bultico primogénito, pegara un ojo, sin éxito. No trolleaba a mis padres y vecinos llorando a gritos, sino mirándola, despierta, como diciendo “Ni lo sueñes”, mientras ella iba sintiendo el cansancio más y más en los huesos… y el frío de San Antonio también.

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