¿Se Puede Trabajar en Tiempos de Acabose?

¿Se Puede Trabajar en Tiempos de Acabose?

Es difícil contestar a esta pregunta sin caer en polémica.

Hay quienes dicen que el tiempo no espera por nadie y, el tiempo es dinero, por tanto el dinero no espera porque se disipe el humo de las lacrimógenas o las metras resulten ser marca ACME y no hagan daño.

En el otro extremo, están los que piensan que uno debe DETENER TODO!! CONVERTIR EL ACABOSE EN EL CENTRO DE TU VIDA!!  y el que no puede (o quiere) hacerlo es un INFILTRADO TRAIDOR!!

A mí no me gustan ninguna de estas dos posturas.

Por un lado, la mentalidad de que hay que hacer plata para poder convertirla en una moneda de Monopolio para comprar tres cositas, desdeñando a los que se las están jugando todas por el futuro de todos como “intensos”, me parece horrorosa. Es como las trazas de antipolítica que faltan por exorcizar del ADN nacional.

Por otro lado, tomar de forma demasiado literal la posición de que todos debemos ser protagonistas del cambio, vida be damned, es irreal y poco práctica. Es un poco como ese principio nefasto de “todos quieren ser gerentes y directores, así no estén calificados para ello”, máxima que es muuuuuuy tóxica. Ejemplos sobran.

Igual, cada quien cumple el rol que puede cumplir en esta historia.

Pero me estoy saliendo del tema.

Trabajar en medio del acabose es sentir que ambos extremos te están halando de un lado a otro.

En el post anterior, hablaba de que trabajo entre F5, refrescando mis redes de confianza para tener una visión más o menos coherente de lo que sucede. De vez en cuando, una tarea compleja toma mi atención y me desconecta de lo que sucede… hasta que comparten uno o varios sucesos particularmente serios en el chat del trabajo dedicado al Acabose.

Tengo ese chat en mute, como casi todos los chats grupales no prioritarios, pero ver cómo sube el número de publicaciones me angustia y me saca de mi zone. Eventualmente, cedo a la tentación y leo mis fuentes y el chat para contribuir.

Se siente un cierto corrientazo de impotencia ante las barbaridades. Deseas que la productividad que mal que bien estás desplegando en tu trabajo se traduzca en un Super Saiyan infinito para aplastar a los indeseables que hacen tanto daño por “seguir órdenes”, como si eso fuera un aliciente.

Trabajar en medio del acabose es balancear la productividad con el instinto de supervivencia.

Les voy a contar una historia, sobre lo que me pasó el viernes pasado (26-M), el día de la marcha de los Libertadores.

Great, la marcha será en mi zona. No es la primera vez que adquiere relevancia en tiempos de conflicto. Yo me acuerdo de las concentraciones durante el paro petrolero y las guarimbas de 2004. Yo vi correr a la Gente del Petróleo frente a mi casa cuando arreciaba el contrario.

El jueves en la tarde quise ir a correr a ese espacio del contrario, que todos tenemos derecho a usar. Ya estaba cerrado el acceso. Los corredores estaban parados, quien sabe si tratando de hacer entrar en razón a los reclutas raquíticos (no necesariamente de cuerpo). Yo seguí hacia Los Ilustres, donde vi ya varios puntos de control instalados, volviendo el tráfico imposible.

De regreso, en el arranque de pánico de rigor, hice unas cuantas compras nerviosas de enlatados y pilas AA. El viernes, estaba lista para lo que fuese.

Llevé mi kit de guerra a mi oficina, ubicada justo al lado de ese balcón. Mis compañeros estaban nerviosos por mí, pero yo no tenía miedo. A lo mejor es parte arrogancia, parte brujismo, parte survival mode, pero siempre he pensado que no gano nada con entrar en pánico en estas situaciones; de alguna forma, se sale de esta.

Mi meta para el día era trabajar, siempre y cuando la luz y el internet me lo permitieran. De vez en cuando, me asomaba al ventanal y veía a la gente bajar. Sé que el grueso baja por la otra calle paralela, la que no puedo ver, pero sí oír. Sé que lo estaban haciendo.

Almorcé ¿pasta?. Prácticamente la tragué porque, conociendo el espíritu criollo, sabía que la cosa iba a activarse realmente dos horas después de lo anunciado. Cuando iba a descansar, un grupo de personas se concentraron diagonal a mi casa, creando una barricada humana de poca duración.

Me eché a digerir mientras escuchaba sus clamores. Tenía un to-do muy importante que hacer después del almuerzo. En cuanto me senté frente a la computadora, comenzaron las bombas.

Un grupo de gente subió frente a mi ventana, pero con la falta de nutrición que todos padecemos en estos tiempos, no lo hizo con la misma velocidad de otras ocasiones. La visita había llegado. A pocos metros, se veían las nubes de bombas serpenteando y contaminando a gusto. La gente se escondió en los negocios y, cuando bajó la primera ola, armaron una barricada material donde habían hecho la humana.

La conmoción duró como 20 minutos; tras los cuales pude “volver a trabajar”. ¿Cómo? Haciendo uso de la adrenalina y la ansiedad de lo vivido para sacar output como loca. Es peor quedarse sin hacer nada, dejando que el susto se convierta en migraña y ataques de pánico.

Tengo una silla con rueditas, la cual usé para rodar entre la desktop y la ventana. No escuchaba música, para poder hacer seguimiento auditivo, percibir las sensaciones con  mayor claridad, saber cuándo vendría la segunda ola.

Tomó tiempo, pero volvió justo cuando encontré el espacio perfecto para estar alerta: un huequito sobre un aviso de la tintorería.

Esta vez, la gente estaba lista para responder. Los vecinos lanzaron objetos, mientras las onditas de las bombas llegaban más cerca. Me llegó el olor y me enmascaré. Le dije a mi equipo de trabajo que tenía que ausentarme un rato por razones obvias. El equipo de vecinos verdes que atacó parecía ser más malasaña que el anterior… lo cual no significa que era más eficiente en su “labor”. Intentaron disolver la barricada… o ¿acomodarla de forma más aesthetic?

Sea lo que sea que intentaron hacer, no funcionó porque la barricada estuvo puesta hasta entrada la noche.

Me olvidé de trabajar hasta alrededor de las 7 p.m., cuando pude enviar rapidito lo que tenía pendiente, excusando cualquier error de tipeo causado por la adrenalina o los efectos. Aunque dormí fisicamente en la noche, no creo que mi mente haya descansado.

¿Habrá otro episodio así?

No lo sé, y la verdad es que no tengo ningún consejo o lifehack que pueda hacer más llevadero cumplir con deadlines y producir cuando estás sumergido en el acabose. Sé que mi cuento del viernes es light comparado con lo que vive gente de otras zonas, donde trabajar es casi imposible. Pero, como he comentado en otros posts, creo que la clave está en dar y recibir flexibilidad máxima (tener plan ABCDEF… Y7454), aprovechar al máximo los ratos de condiciones óptimas y, como dije antes, tener la certeza de que salimos de esta.

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