Un día…

Un día…

Un día, todo será diferente.

Un día, no veré todo con un filtro ligeramente gris.

Un día, volverán los productos escasos con normalidad.

Un día, el metro andará sin retrasos ni gente pidiendo en cada vagón.

Un día, no habrán más zancudos.

Un día, las ideas saldrán sin estancamientos ni miedo.

Un día, recibiré lo que espero con tantas ansias.

Un día, tendré un presidente decente.

Un día, se armará el rompecabezas.

Un día, terminaré de pagar las tarjetas de crédito.

Un día, podré verme con los lentes de halagos de los demás.

Un día, no necesitaré felicidad artificial para funcionar.

Un día, seré muy amada.

Un día, no hará tanto frío.

Un día, no habrán huecos por las calles.

Un día, el internet de mi vecindario será financiado por Google Fiber.

Un día, comeré salmón nuevamente.

Un día, me harás muy feliz.

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Malos consejos

Malos consejos

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Un complemento a este post de Otro y la Cuenta. Síganla, por favor!

Una de las cosas que el mamagüevo rufián de 2016 me regaló fue una guía telefónica llena de palabras frustrantes que en vez de levantarme el ánimo en momentos cruciales, me hicieron sentir mucho peor. Las he escuchado todas y cuando ven que no me hacen sentir mejor, o que no formaré parte de su proyecto de convertirme en cisne bendecido y afortunado para ser la sensación de Tinder, voltean los ojos por dentro.

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Acto de Contricion

Acto de Contricion

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Photo credit: “Guilt on Flickr”

Los rumores son ciertos: no he estado bien.

Pero esto no es gracias a la #DietaDeMaduro (con la cual he perdido tres kilos, btw), ni por la tercera gripe del año, ni por la inflación, aunque ninguna de estas cosas ayudan a que me mejore.

Esta vez ha sido por mi culpa. Mejor dicho, debido a lo que significa esa última palabra y su decisión de llenarme la cabeza de liendres emocionales en los últimos días. Desafortunadamente, no hay champú Avispa ni kerosén que me quite esto de encima, y el escozor doloroso que me produce ya me está desesperando.  Read more

Autocensura

Autocensura

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Photo credit: “Censored on Flickr”

NOTA: Este no es un post sobre política.

Varias veces, en posts anteriores, le he echado la culpa a la musa y sus vagancias por embarcarme y dejarme sin ideas para este espacio. Pero, hoy, en pleno Mercurio Retrógrado, es hora de que les confiese algo: no siempre es por ella, sino por mí.

Yo me censuro. Mucho. En casi todas partes.

Si no tuviera filtro, pudor o intereses de por medio, tendría posts hasta, al menos, el 2021 (sin contar las ideas que me pueden venir a la cabeza de aquí a entonces). También, creo que tendría muchos enemigos. Yo tuve la bendición de no tener piojos reales en la cabeza cuando era niña, pero, a cambio, tengo piojos de ideas que quieren mi atención, pero no puedo darles vida en ninguna parte. Read more

Cosas que no me dan risa

Cosas que no me dan risa

joker batman urban urbano serious serio guason why so serious
Photo credit: “why so serious, ann arbor? on Flickr”

“¿Por qué estás tan callada?” o su gemelo ruín “Coye, sí hablas, se te va a cansar la lengua!”

Los ridículos que se montan con un mp3 de beatbox en el metro, haciendo rimas estúpidas sobre los transeúntes para sacarles dinero.

Parecido: los payasos de hoy en día.

Liceos y liceas. (Y similares)

El tercer oops de la semana (cuando apenas es martes)

El 80% de los memes de post-it que ponen en Facebook e Instagram, sobre todo, cuando tienen horrores ortográficos.

Cuando Hollywood pierde la creatividad y recicla lo que hace 10 años ya no era cómico.

Las bromas prácticas “inocentes”, que buscan imitar a Punk’d.

Los trolleos de la vida.

¿Para qué salir de la cama cuando el mundo se quema?

¿Para qué salir de la cama cuando el mundo se quema?

Photo credit:
Photo credit: “Little things, on Flickr”

(Inspirado en este post de Man Repeller.)

En 16 años de cataclismo rojo desteñido, mis congéneres y yo hemos tenido muchos momentos como estos, de absoluta falta de fe en la humanidad, en el futuro, en la vida. Demasiados, diría yo (y que no han dejado muchas lecciones de larga duración; otro día hablo de eso). Adicional a eso, los golpes personales al hígado, diafragma y otros órganos, propios de la existencia humana han hecho lo suyo, a veces empujándome al límite del límite del abismo. Read more

Arrancando las páginas

Arrancando las páginas

Photo credit: "notebook, on Flickr"
Photo credit: “notebook, on Flickr”

Tengo semanas sin escribir algo que me guste. Es la segunda vez que tengo un bloqueo creativo desde que arranqué este espacio. Por lo menos, esta vez tengo una causa clara: la falta de buenas ideas. Los conflictos masivos de agenda y el estrés no ayudan, pero lo que más me ha pegado son las pocas cosas aceptables que se me han ocurrido.

Quizás tengo que tomar más vitaminas (aún más), o hacer más ejercicio, o salir más a hacer cosas que no tengan que ver con trabajo (está difícil), pero me frustra un poco tener páginas y páginas plagadas de textos tontos, listas salidas de Buzzfeed en un mal día, y cosas que simplemente no puedo colocar aquí.  Me frustra gastar papel y tinta (mi escritura creativa siempre es con bolígrafo azul) en paja. Y de la mala.

Otra cosa que me molesta es esta presión interna que te da el tener talento (aunque sea ínfimo) en esta arte, y cumplir las expectativas propias y ajenas que eso conlleva. Es un malestar que me desagrada mucho, es agregar Otra Cosa a mi To Do list infinito. Y, al contrario del estándar nacional, prefiero no entregar nada que tenga menos del estándar de calidad al que he acostumbrado a los demás y a mí misma. Es una cuestión de autorespeto.

Alguna vez leí que es bueno producir cosas malas de vez en cuando, expulsar todas las ideas malas y frases mediocres de blog de séptimo grado, con el fin de hacer espacio para lo realmente valioso. Sin embargo, una virosis creativa no es igual que una física. A veces, vomitar el cuerpo extraño no basta. Tomar Primperán tampoco.

Creo que lo que necesito es tenerme más paciencia y disciplina, y seguir tamizando las ideas. Por cada 10 ideas malas, debe salir una decente, una que no me de náuseas visitar de nuevo en unos seis meses.

Solo espero no volver a escribir un post similar a este, en lo que queda del 2015.

Contusión emocional en tres actos

Contusión emocional en tres actos

 photo credit: " Good clean love, on Flickr "

photo credit: ” Good clean love, on Flickr “

I.

Te resbalaste de mis dedos como un jabón en la ducha. Cuando me di cuenta y me incliné a recogerte, perdí el equilibrio y me golpeé la cabeza contra la cerámica mohosa y cínica de la realidad. No vi pajaritos como en las comiquitas, sino que cerré los ojos y vi muchos ojos de Horus. Abrí los ojos y me encontré en el piso, con tremendo chichón y sangrando por la herida. Me avergüenza pedir ayuda, estoy demasiado vulnerable after all, pero he de hacerlo para sobrevivir.

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Chica migraña, chica migraña…

Chica migraña, chica migraña…

photo credit: " Migraña by Ivan Hernández, on Flickr "
photo credit: ” Migraña by Ivan Hernández, on Flickr “

Comienza como un hummm discreto, una molestia menor, un taladro neumático que a quince cuadras de aquí le da ritmo a la Fiesta del Asfalto. Estoy sentada frente a mi laptop, un domingo en la tarde, montando una información que debo entregar mañana en la mañana sí o sí. Me pierdo entre hojas de Excel, comparando datos, forzando mi cerebro a analizarlos con urgencia!. Alguien necesita! esta data. Alguien espera algo de mí. Read more

De cuando escuché a alguien morir…

De cuando escuché a alguien morir…

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Photo credit: “Pill by Unsplash/freestocks.org”

Ya que esta semana se celebra Halloween, voy con una anécdota terrorífica que, por una vez, no tiene que ver con inseguridad.

Era una noche de verano. La casa estaba muy silenciosa y, por una vez en la vida, ni mi hermana ni mi papá se habían trasnochado haciendo tareas o viendo televisión. Me desperté en la media noche, sumamente inquieta, con un muy mal presentimiento. De repente, me dio calor, y de repente sentí frío. No podía quedarme quieta. Pensé que un mosquito me había picado la mano izquierda y no dejaba de rascarme y de espantar al cabrón.

Un par de minutos más tarde, escucho un escándalo en la calle. Una mujer y otra persona (no estaba segura si era un hombre) estaban gritando, pidiendo ayuda desesperados. El ruido venía del edificio a nuestra derecha, que tiene un amplio pasillo al aire libre desde la reja hasta la entrada. No podía distinguir bien qué era lo que decían y debido a incidentes previos (el peor, cuando vi un episodio horrible de violencia doméstica donde el tipo amenazó a su mujer con una pistola), no me asomo por la ventana de una vez.

Los gritos aumentaron y nadie bajaba a ayudarlos. Peor aún, entre ellos un extraño gemido sonaba cada dos o tres segundos. Nunca en mi vida había escuchado algo así y no lo olvidaré: lo grave y ruidoso que era, cómo representaba en ese momento el alma aferrándose al cuerpo con las uñas ante la inevitable separación. Pienso en eso y me dan escalofríos. Fue allí cuando me di cuenta que el gemido era de alguien que se estaba muriendo.

Resulta ser que la señora y el otro individuo estaban cargando casi a rastras a su madre por el pasillo. Seguían rogando por ayuda para llevarla al hospital porque se estaba ahogando. Según mi mamá, quien sí se asomó, solo dos o tres vecinas bajaron, haciendo lo imposible para conseguir que un carro se parara para llevarlos a la clínica.

La clínica está a solo dos cuadras de mi casa.

Las vecinas abrieron la reja y entre ellas, y los hijos de la señora, la cargaron. Cuando ya estaban en la calle, ella dejó de gemir. Un carro salió del estacionamiento, y al mismo tiempo una camioneta de la policía/militar/whatever se acercó a la calle. Dos tipos se bajaron y se llevaron a la señora. El carro que salió del edificio (creo que de un vecino), persiguió a la camioneta. Conociendo bien el valor de los segundos y milisegundos, los policías actuaron de forma muy lenta ante la situación. A lo mejor estaban en shock. A lo mejor estaban muy agotados de la fiesta nacional del día anterior (esto pasó un 6 de julio).

El final de este relato es bastante obvio: la señora llegó sin vida a la clínica. Se había atragantado con una pastilla tamaño moneda de Bs. 5. Pero nunca olvidaré dos cosas que me aterraron: la falta de solidaridad entre los vecinos, el “eso no es conmigo”, que hizo que pasara tanto tiempo entre el primer grito y la llegada a la clínica.

Lo otro que no se me va a borrar jamás es ese gemido, sonido de un cuerpo que se apaga, créditos rodando, oscuridad en medio de la indiferencia de una noche de verano.